Las bondades de la acelga

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Decía la abuela que toda enfermedad y mal de amores se curaban con los frutos de la naturaleza, porque ella abriga vida y cada sustancia de la madre tierra es una farmacia exquisita que puede curar cualquier dolencia que presenten sus hijos. Ella es la fuente veraz más calificada para brindar salud, generosamente nos facilita sus frutos, hojas, raíces, está en nosotros escuchar su llamado.

Las hojas de acelga eran seleccionadas por mi abuela, cuando iba al mercado, ella elegía el atado abundante y las hojas con un verde bien intenso, porque para ella prometían frescura y conservaban la energía del sol más las vitaminas y minerales que mantienen el cuerpo sano.

Eran exquisitas las sopas que preparaba la abuela. Recuerdo la acelga cortadita en tiras finas con un pimiento rojo y zanahorias ralladas salteadas con manteca, agregaba una pisca de sal y nuez moscada que le daban un suave sabor, y a los pocos minutos cuando todo tomaba el color doradito le agregaba la leche caliente ya cocinada anteriormente con un poquito de almidón de maíz, para espesarla. La sopa la acompañábamos con pan tostado con un chorrito de aceite de oliva, era la entrada del almuerzo o la cena en el otoño o el invierno.

La acelga también se preparaba en ensaladas crudas, ella decía que ayuda a desintoxicar la sangre, darle más energía al corazón y a la cabeza (obvio que se refería al sistema nervioso) y que también ayuda a los riñones y vejiga a limpiarnos de todo lo malo. También recuerdo el caldo de la acelga como un preventivo antibiótico para el sistema respiratorio, un suave hervor de un puñado de hojas pocos minutos dejándolo reposar tapado y al entibiarse podíamos tomarlo.

¡No podría olvidarme de mi comida favorita! Canelones de acelga y queso con salsa rosa al horno que hacian la abu con mamá. Una línea dimensional se abre llevándome a contemplar la alegría que era disfrutar esas comidas en familia.

Ella y mamá desde pequeños nos enseñaron a considerar las verduras como el alimento que facilita bienestar, poder desarrollar mayor inteligencia, concentración, conservar el brillo del cabello, la piel suave e hidratada… Comer lo que hace bien, estudiar, jugar, divertirnos y descansar el cuerpo era lo más importante de cada día. Pocas veces recuerdo haber enfermado.

Sabiamente mamá y la abuela me adentraron a la vida, esos momentos quedan resonando hasta estos días, donde sigo incorporando las verduras, ya sea crudas o al vapor como fuente de vitaminas y minerales porque puedo confirmar que ayudan a equilibrar lo físico, lo mental y emocional.

Atesorando el recuerdo de mi abuela, entre sus dichos y recetas, me abrazo a la madre tierra y agradezco a todas esas personas que hacen posible que tengamos alimentos para compartir en familia.

¡Hasta la próxima!



 

La acelga y su composición

Posee en su composición agua, fibra, carbohidratos, pocas azúcares, proteínas y muy, pero muy pocas, grasas. El valor nutricional por 100 g, aporta energéticamente: 20 Kcal.

Vitaminas: C, E, K, A, B1; B2, B3, B5 y B6.

Minerales: calcio, hierro, magnesio, manganeso, fósforo, potasio, sodio y zinc entre otros.

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