Abracemos la esperanza

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Llegando al final de este año tan significativo para todos los habitantes del mundo, un antes y un después, un reloj que paró sus agujas. Una pluma que necesita escribir las historias que se sucedieron en estos meses, un violín que llora las almas que partieron en soledad, familias sin consuelo. Brazos que ya no abrazan, niños que ya no juegan con sus amigos, abuelos que son aislados por las dudas, como si una bruja malvada hechizara a todos los seres humanos inmovilizandolos, quitándole sus fuerzas y tomando poder en el miedo y la desesperación. Pero la noche más oscura, avisa el nuevo amanecer, la luz despertará en conciencia y las llamas internas restablecerán un mundo de armonía. Eso nos lleva al cuento de las cuatro velas…
Había una vez cuatro velas que se consumían lentamente en una habitación oscura. Brillaban tan suavemente que podías oír su conversación.
La primera vela dijo: “Soy la Paz, pero en estos días, nadie quiere mantenerme encendida”. Entonces, la llama de Paz lentamente disminuyó y se apagó completamente.
La segunda vela dijo: “Soy la Fe, pero en estos días, la gente no cree en mi existencia”. No tiene sentido seguir. Entonces, la llama de la Fe suavemente apagó su fuego y se extinguió.
Quedaba la tercera vela, ella dijo entonces: “Yo soy Amor, y no tengo la fuerza para permanecer encendida por más tiempo. Los seres humanos me dejan de lado y no consideran importante mi presencia en sus vidas. Ni si quiera pueden sostener el Amor, con los seres más cercanos”. Y se dejó apagar por una suave brisa, la llama del amor dejo de brillar.
Un niño entró a la habitación y vio las tres velas que ya no estaban encendidas. Preguntó en voz baja: “¿Por qué no están brillando? Se supone que deben estar prendidas para siempre”.
Luego, la cuarta y última vela le habló amablemente al niño: “No tengas miedo, porque yo soy la Esperanza, y mientras aún esté encendida, podremos volver a encender las otras velas”.
Con ojos llenos de brillo el niño tomó la vela de la Esperanza, encendió las otras tres velas y expresó: “Que la llama de la esperanza siempre este encendida”. Así aseguramos la existencia de la paz, el amor y la fe en nuestras vidas.

Gabriela Navarro
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