Las dalias moradas

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Decía la abuela que las plantas con flores había que observarlas para saber el lugar que les gusta más. En casa de mis padres a la entrada de la puerta del lado derecho habían plantado, la abuela y mamá, dalias de color bordó.

Recuerdo que llegaron a crecer a lo alto, en ese entonces al ser niña las veía como flores gigantes en ramas llenas de hojas y tallos largos, tenían palos finos que hacían de tutores para que sigan creciendo hacia arriba sin desviarse, esa planta era una eterna enamorada del sol me acuerdo que cuando jugábamos con mi hermano la abuela se paraba en la puerta cerca de ellas y con vos firme decía “Cuidado con las plantas que pueden lastimarlas”, era su guardiana incansable, así también junto a mamá cuidaban el burrito que crecía con mucha fuerza en el jardín interno de la casa.

Plantas, flores, perfumes que te llevan a esos momentos de niñez donde crecer cerca de ellas era tan normal como salir a disfrutar del sol y los amigos que siempre venían a casa porque en el lugar donde me crié había árboles. ¡Tantas aventuras vivimos con mi hermano Javier con la naturaleza siempre fue nuestra fiel compañera! Desde muy pequeños nos enseñaron, la abuela y mamá, a cuidarla y a disfrutarla. Me curaron alguna herida con algún ungüento de hojas, algún dolor de estómago con un tecito de burrito; los remedios caseros siempre fueron de las plantas de casa.

La abuela Yayi (nombre que le puso mi hermana cuando muy pequeña) era una mujer que como todas en la familia conocía mucho de las bondades de las plantas, en mi clan materno se sabía cultivar, hacer toda clase de tinturas madres, cuentan que la bisabuela tenía la costumbre de colgar muchas hojas de plantas medicinales en un lugar especial dentro de la casa, donde después del secado las utilizaba como remedios. Alguna de ellas eran el llantén y la doradilla, el primero lo usaba para la tos, con tecitos tibios y cualquier proceso inflamatorio, también un excelente, antiséptico en caso de heridas, el segundo -la doradilla- curaba de todo para ella, no podía faltarle era para problemas digestivos, un excelente diurético… ¡Cuánta sabiduría trasmitida entre tantas mujeres! Me encanta escuchar a mamá cuando habla de su abuela y de su madre, mi abuela. Como siempre en estas páginas agradezco pertenecer a este linaje.

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