Los celulares enemigos de las abejas

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Está claro que las abejas y otros polinizadores son fundamentales para que las plantas sean fecundadas. Son esenciales para la vida en este planeta tal como la conocemos. Sin polenizadores no habrían plantas, ni animales, ni seres humanos…
En mayo de 2019 la revista El Abasto publicó el artículo de Luis E. Sabini Fernández “Insectos en peligro… ¡Nosotros en peligro!” donde se exponen dos orígenes al problema de la bajada de población de los polenizadores: las ondas electromagnéticas y el aumentado uso de agrotóxicos.
En cuanto el segundo vale recordar que el sistema industrial de cultivo en grandes extensiones de tierra con tanto agrotóxico ha llegado al punto de incluso generar “comestibles” transgénicos con intención de que resistan aún mejor los plaguicidas mientras se extermina toda la biofauna que se encuentra en la zona de las plantaciones. Hay muchas denuncias de fumigaciones que llegan a viviendas y escuelas con gente intoxicada por este modo de producción. La muestra de hace unos años en el Palais de Glace del fotoperiodista Pablo Piovano “El costo humano de los agrotóxicos” habla por sí sola sobre esta calamidad.
En cuanto al otro punto, el de las ondas electromagnéticas lo reforzaremos acá con el estudio del científico suizo, Daniel Favre, del Laboratorio de Biotecnología Celular en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL). En una nota de Iván Turmo para Swissinfo.ch cuentan como con ese “trabajo se examinaron los posibles efectos sobre el comportamiento de las abejas ante las ondas electromagnéticas procedentes de teléfonos móviles”.
Para realizar la investigación, se colocaron teléfonos móviles junto a las colmenas con el propósito de registrar y analizar el sonido emitido por las abejas. Los audiogramas y espectrogramas revelaron que “los dispositivos activos de los teléfonos móviles tienen un impacto drástico en el comportamiento de las abejas, ya que inducen a las obreras a emitir la señal de alarma. En condiciones naturales la alerta de las obreras anuncia el abandono de la colmena o que existe alguna perturbación grave en su seno”, manifestó Favre a Swissinfo.ch.
En dicha nota el biólogo suizo no descarta otros factores que también contribuyen a la disminución de las abejas en todo el mundo: “como los ácaros Varroa y los pesticidas, por ejemplo” pero no duda de que “las señales de los teléfonos móviles y las antenas pueden contribuir a la disminución de las abejas”.
Los colapsos en las colonias de abejas se vienen notando desde principio de la década de 1970, pero en este siglo la disminución se hizo extremadamente preocupante en los países en que se midió hablan de descensos superiores al 50%.

 

Propuestas para remediar
La revista española Muy Interesante propone 10 puntos para salvar a las abejas (y otros polinizadores)
1. Aumentar los estándares reguladores de los plaguicidas.
2. Promover el manejo integrado de plagas (MIP).
3. Incluir los efectos indirectos y subletales (estos no provocan la mortalidad de los polinizadores, pero pueden ocasionar efectos fisiológicos o de comportamiento a largo plazo) en las evaluaciones del riesgo de los cultivos transgénicos.
4. Regular el movimiento de los polinizadores gestionados.
5. Desarrollar incentivos para ayudar a los agricultores a beneficiarse de los servicios de los ecosistemas en lugar de los agroquímicos.
6. Reconocer la polinización como una contribución agrícola.
7. Apoyar los sistemas de cultivo diversificados.
8. Conservar y restaurar la infraestructura verde –una red de hábitats entre los que los polinizadores puedan moverse– en los entornos agrícolas y urbanos.
9. Desarrollar la monitorización a largo plazo de los polinizadores y la polinización.
10. Financiar la investigación que contribuya a mejorar los rendimientos de la agricultura orgánica, diversificada y ecológica.

Como podemos ver muchas son puntas a nuestros diputados y legisladores. Tal vez sintamos que nos exceden por ser decisiones políticas o por incumbir más de cerca a quienes tienen grandes extensiones de tierra.
Sin embargo, desde la ciudad podemos presionar cívicamente en defensa del hábitat de los polinizadores, no solo mediante leyes sino también generando hábitat en el espacio urbano: en balcones, patios, terrazas y espacios verdes.

 

Vayamos a lo concreto
Tal vez sea hora de que aprendamos a convivir con lo silvestre, sin miedo a los insectos, reconociéndoles su derecho a esta tierra.
Si tuviéramos la dicha de tener un jardín tal vez sea momento de dejar de pensar en éste como un adorno y verlo como un ecosistema que aloja diferentes especies por lo que convendría renunciar al césped verde brillante bien cortado que es todo lo contrario de lo que necesitan las abejas (para ellas ese verde homogéneo es como un desierto). Ayudando al predio que sea lo más natural posible incluyendo diversas plantas autóctonas con flores. Eso generará un ciclo de supervivencia mutua, entre esas plantas y los polinizadores.
Si se incluyen en parques y jardines especies que florezcan en distintos momentos del año, las abejas y otros polinizadores encontrarán alimento durante un periodo más amplio, facilitando su supervivencia.
Sería óptimo incorporar algún tipo de fuente de agua siempre con cuidado de no estar alimentando al mosquito transmisor del dengue. Un modo es poner en el estanque plantas como las Azolla Filiculoides y Salvina, como hacen, por ejemplo, Adelia María (Río Cuarto, Córdoba), que se caracterizan por biorremediar y fitorremediar aguas, una superficie verde flotante lo cual de inmediato se convierte en un atractivo natural para las libélulas, que son insectos que se alimentan de las larvas de mosquitos.
Para controlar las plagas evitar pesticidas salvo que sean naturales (jugo de limón, vinagre y otros) y porqué no también pensar en la introducción de otros insectos que actúen como depredadores como podrían ser avispas, mariquitas o mantis religiosas.

 

 

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